Saltar al contenido
Marc Andreu Guerao

Dirección de operaciones

Cuándo una compañía necesita un director de operaciones, y cuándo no

Incorporar dirección de operaciones antes de tiempo añade coste sin resolver nada. Hacerlo tarde deja a la propiedad haciendo de cuello de botella. Las señales que marcan el momento.

Marc Andreu Guerao · · 4 min

La pregunta llega casi siempre en el mismo momento: la compañía ha crecido, el propietario dedica el día a resolver incidencias de centro y alguien sugiere que hace falta un director de operaciones.

A veces es cierto. A veces lo que hace falta es un responsable de centro decente en la ubicación que da problemas, y la incorporación directiva solo añadiría un sueldo y una capa. Distinguir un caso del otro cuesta poco y ahorra bastante.

Qué resuelve realmente esa figura

Dirección de operaciones no es «alguien que ayude con el día a día». Es la función que responde de que la operación produzca el resultado previsto: la cuenta de resultados, la capacidad, los procesos y las personas que los ejecutan.

Su trabajo no es resolver incidencias. Es construir la estructura para que las incidencias las resuelva otro y solo lleguen arriba las que cambian algo.

Por eso incorporarla para «quitar trabajo» al propietario suele decepcionar: si lo que se traspasa es la lista de incidencias sin el mandato para cambiar cómo funcionan las cosas, el problema se muda de silla.

Las señales de que ya hace falta

Ninguna basta por sí sola. Tres o más a la vez suelen ser concluyentes.

La dirección general no puede dedicar tiempo a decidir. Si la agenda del propietario la llenan asuntos de centro, la compañía ha dejado de tener quien piense a doce meses.

Nadie sabe qué centro es realmente el más rentable. Indica que no existe lectura de P&L por centro, y eso no lo resuelve el equipo financiero: es una función operativa.

Cada centro trabaja a su manera. Cuando la calidad del servicio depende de qué ubicación te toque, la red no es una red.

Las aperturas o las compras se acumulan a medio integrar. Es la señal más clara y la más cara de ignorar, porque cada operación pendiente arrastra a la siguiente.

Los responsables de centro no tienen a quién subir un problema estructural. Si su único interlocutor es el propietario y este no da abasto, los problemas se cronifican.

El resultado no acompaña al crecimiento. Sube la facturación y el EBITDA no se mueve. Casi siempre es un problema de coste de personal, compras o mix que nadie está mirando por centro.

Cuándo todavía no

Con dos o tres centros y la dirección presente en ellos. A ese tamaño el propietario tiene la información de primera mano y una capa intermedia añade coste y distancia sin aportar criterio.

Cuando el problema es una persona concreta. Si un centro va mal y los demás bien, el diagnóstico probablemente esté en ese centro, no en la estructura.

Cuando lo que falta es una función distinta. A veces la necesidad real es comercial, o de sistemas, o de administración. Contratar operaciones para tapar un hueco de otra función frustra a todo el mundo.

Cuando no se va a delegar de verdad. Una dirección de operaciones sin mandato sobre precio, plantilla y compras no puede responder del resultado. Si esa delegación no se va a producir, la incorporación va a fracasar independientemente de quién sea la persona.

Las opciones intermedias

Entre no tener nada y contratar a jornada completa hay dos alternativas que suelen encajar mejor de lo que parece.

Promocionar internamente con acompañamiento. El responsable de centro con más criterio asume la coordinación de la red, con apoyo externo durante la transición. Conserva el conocimiento del negocio, que es lo más difícil de comprar, y cuesta menos.

Dirección de operaciones a tiempo parcial. Presencia periódica acordada, con mandato real sobre las decisiones que se hayan definido, y revisión de continuidad cada trimestre. Encaja cuando el problema es de criterio directivo y no de volumen de trabajo, y permite dimensionar el compromiso al problema en vez de al organigrama.

Ninguna de las dos es una solución permanente. Ambas son formas de no equivocarse de contratación mientras se aclara qué hace falta de verdad.

Cómo saber si la incorporación funcionó

Conviene fijar los criterios antes, no al año. Tres son suficientes:

  1. Existe P&L por centro con criterio homogéneo, y se usa en una reunión periódica.
  2. Los responsables de centro tienen un mandato escrito y responden de lo que controlan.
  3. La agenda de la dirección general ha cambiado: menos incidencias, más decisiones.

Si a los seis meses ninguna de las tres se ha movido, el problema no es de esfuerzo. Es de mandato o de encaje, y conviene decirlo pronto.

Lista de comprobación

  • ¿Cuántas de las seis señales se dan a la vez?
  • ¿El problema es estructural o está localizado en un centro concreto?
  • ¿Se va a delegar precio, plantilla y compras, o solo la lista de incidencias?
  • ¿Se ha considerado promocionar internamente con acompañamiento?
  • ¿Están escritos los tres criterios con los que se juzgará el encaje a los seis meses?

Conclusión

La pregunta útil no es si la compañía puede permitirse una dirección de operaciones. Es si está dispuesta a delegar las decisiones que esa figura necesita para responder del resultado.

Cuando la respuesta es que sí, la incorporación se paga sola. Cuando es que no, ningún candidato va a arreglarlo.

CompartirCompartir en LinkedInCuándo una compañía necesita un director de operaciones, y cuándo no

Seguir leyendo

Siguiente paso

¿Este problema le suena en su propia red?

Treinta minutos para contrastar cómo se ve en su caso concreto: cuántos centros, qué se mide hoy y qué decisión está bloqueada.

Plantear un proyecto